Un estudio en verde por Neil Gaiman
Un estudio realizado en verde por Neil Gaiman.
Traducido por Stefano Bertone
1. El nuevo amigo
La comunidad del Strand Recién llegado de un viaje increíble Europea durante el cual se presentó en frente de varias cabezas coronadas de Europa que han elogiado y reconocido por sus excelentes actuaciones teatrales que combinan la comedia y la tragedia, la compañía desea dar a conocer que la cadena llevará a cabo de abril en el Royal Court Theatre en el Círculo de Dury por un período limitado, la presentación de "Mi hermano gemelo Tom!", "El vendedor pequeño de color púrpura" y "Great Old Ones Are Coming" (este último representa una epopeya histórica encantadora y sorprendente); cada acto juega! Los boletos están disponibles en la taquilla. |
Es la inmensidad, creo. La enormidad de esas cosas ahí abajo. La oscuridad de los sueños.
Pero estoy divagando. Perdóname. Yo no soy un hombre de letras.
Necesito alojamiento. Así es como lo conocí. Yo necesitaba a alguien para compartir el alquiler. Hicimos conocer a un conocimiento mutuo, en el laboratorio de química de Saint Bart. - Por lo que veo, usted estuvo en Afganistán -. Eso fue lo que me dijo, y yo me quedé con la boca abierta y los ojos muy abiertos-.
- Impresionante - me dijo.
- No todo - dijo el desconocido en una bata de laboratorio que se convertiría en mi amigo. - A mi modo de ver que ella toma su brazo herido, y de una manera muy especial. Tiene tan fuerte. La suya es también una marcha militar, y hay muy pocos lugares donde un imperio militar puede tomar el sol, al mismo tiempo y de ser torturado, dada la naturaleza de su herida en el hombro y teniendo en cuenta las costumbres de la cueva afgana.
Dicho de esa manera, era ridículamente fácil. Pero entonces él tenía siempre. Tenía la piel color marrón claro. Y, como se observa, de hecho había sido torturado. Los dioses y los hombres de Afganistán eran salvajes, sin la menor intención de ser gobernados por Whitehall o el de Berlín, ni de Moscú, y no quiso escuchar a la razón. Yo había enviado en esas colinas, asignado al Regimiento *. Mientras que las peleas eran más de las colinas y montañas, lucharon en igualdad de condiciones. Pero cuando las escaramuzas se movió en la oscuridad de las cuevas que eran entonces, por así decirlo, para hacer frente a algo que fue mucho más allá de nuestro alcance.
Nunca olvidaré la superficie espejada del lago subterráneo, o lo que surgió de las aguas, con esos ojos que se abrían y cerraban, y le susurró canciones de cuna que asistieron mientras se recuperaba, danzandole por ahí como el zumbido de las moscas más gran universo propio.
El hecho de que haya sobrevivido fue un milagro, pero lo hizo, y regresó a Inglaterra con los restos del naufragio alterado y nervioso. El punto en el que la boca me había tocado a la sanguijuela fue para siempre de marca, blanca como el vientre de una rana, la piel de mi hombro atrofiado. Yo era un tirador, una vez. Ahora yo no tenía nada, si no el miedo, al igual que una fobia, el otro mundo, lo que existe debajo de la nuestra, lo que significa que con mucho gusto pagaría seis peniques de mi jubilación militar para tomar un coche de punto En lugar de un centavo para viajar bajo tierra. Sin embargo, la niebla y la oscuridad de Londres me había acogido y confortado. Tuve que dejar mis primeros alojamientos para pasar la noche me desperté gritando. Yo había estado en Afganistán, pero yo ya no estaba allí.
- En la noche gritando en mi sueño - le dije.
- Me dijeron que la Federación de Rusia - dijo. - Yo también tengo horarios irregulares, y con frecuencia usan el tren delante de la chimenea para prácticas de tiro. Voy a necesitar la sala para recibir a los invitados. Soy egoísta, privado, y me aburro fácilmente. Él cree que esto puede ser molesto?
Me sonrió y negó con la cabeza, tendí la mano.
Puede sacudió.
El apartamento que habíamos encontrado, en Baker Street, era más que suficiente para dos solteros. Me acordé de todo lo que mi amigo me habló de su necesidad de privacidad, y evité preguntarle qué hizo para ganarse la vida. Sin embargo, hay varias cosas que cosquillas mi curiosidad. En todo momento apareció alguien, y en aquellos casos en que salió de la sala de estar para retirarme a mi habitación, pensando en lo que los visitantes podrían tener en común con mi amigo: la mujer blanca con un ojo de vidrio, el pequeño hombre que se parecía a un vendedor los viajeros, el dandy apuesto con la chaqueta de terciopelo, y todos los demás. Algunos eran visitantes regulares y muchos otros fueron una vez habló con él, y fue y se reunió con una expresión de preocupación.
Fue un verdadero misterio para mí.
Una mañana estábamos comiendo uno de los maravilloso desayuno preparado por nuestra anfitriona, cuando mi amigo hizo sonar la campanilla para llamar a la buena señora. - Un señor va a unirse a nosotros en unos cuatro minutos ... - dijo. - Necesitamos otro asiento en la mesa.
- Muy bien - dijo la señora. - Me voy a poner otros embutidos en la parrilla.
Mi amigo volvió a leer el periódico de la mañana, yo estaba siempre más dispuestos a recibir una explicación. Con el tiempo ya no podía resistir. - No lo entiendo. ¿Cómo sabes que vamos a tener cuatro minutos entre las visitas? No hemos recibido un telegrama, o cualquier tipo de mensaje.
Él sonrió levemente. - ¿No has oído el ruido de un coche hace unos minutos? Disminuyó la velocidad cuando ha pasado, por supuesto, porque el conductor tenía que encontrar la puerta, y luego aceleró y fue más allá en Marylebone Road. No es un caos de coches, públicos y privados, que son gota directa a los pasajeros en la estación de tren y el museo de cera, y es en ese tipo de alboroto que serían los que quieren bajar sin ser visto. De allá para acá dando una vuelta ... cuatro minutos.
Miró su reloj de bolsillo y, en ese momento, oí pasos en la escalera fuera de la puerta.
- Los ingresos, Lestrade - dijo mi amigo en voz alta. - La puerta está abierta, y los embutidos están viniendo, recta directamente de la parrilla.
Un hombre, que en ese momento, yo había identificado como Lestrade, abrió la puerta y la cerró detrás de él con cuidado. - Yo no, - dijo -, pero para ser honesto, ni siquiera podía tomar el desayuno esta mañana. Y, ciertamente, hacer justicia a un par de estos embutidos -. Era el pequeño hombre que había visto varias veces en los últimos días, y que parecía representante de una nueva goma o alguna otra panacea patentado.
Mi amigo esperó a que la dueña de casa salió de la habitación, y luego dijo: - Por supuesto que asumo que es un asunto de importancia nacional.
- Cielo - dijo Lestrade, poniéndose pálido. - Ciertamente, todavía no es el caso de la difusión de la noticia. No me digas que esto ya está hecho -. Él comenzó a llenar la olla de apilamiento salchichas, filetes de arenque, kedgeree y tostadas, pero mis manos estaban temblando un poco.
- Por supuesto que no - dijo mi amigo. - Incluso si usted pasó todo este tiempo, sin embargo, todavía reconocen el crujido de las ruedas de su coche: un Sol sostenido una alternativa que renunciar. Y si el inspector Lestrade de Scotland Yard no puede ser visto en público entrar en la sala de estar del único investigador-asesor, pero aún está por llegar, y sin haber desayunado, entonces, evidentemente, esto no es un caso de rutina. Ergo, la participación de los pisos superiores y es un asunto de importancia nacional.
Lestrade se limpió la barbilla con la servilleta de la yema residual. Lo miré fijamente. Yo no era como la idea de un inspector de policía, pero incluso entonces mi amigo me recordó mucho el investigador asesor de ... lo que fuera.
- Tal vez deberíamos hablar sobre el asunto en privado - dijo Lestrade me da un vistazo.
Mi amigo sonrió y negó con la cabeza sobre los hombros desagradable como siempre lo hacía cuando él se regodeó en un bar que ella estaba sola. - No tiene sentido - dijo. - Dos cabezas piensan mejor que una. Y lo que se dice por uno de nosotros es como si usted dice que a los dos.
- Si usted es demasiado ... - le dije con rabia, pero él hizo callar con un gesto.
Lestrade se encogió de hombros. - Para mí no hay diferencia - dijo después de un momento. - Si se resuelve el caso voy a mantener mi trabajo. Si usted no puede, estoy en el paro. Siéntase libre de utilizar sus métodos. Dudo que de alguna manera podría empeorar la situación.
- Si hay una cosa que el estudio de la historia nos ha enseñado, es que las situaciones siempre puede empeorar - mi amigo declarado. - Cuando vamos en Shoreditch?
Lestrade dejó caer el tenedor. - ¡Esto es demasiado! - Gritó. - Hay que estuvieras aquí para que lo recoja para mí jugar cuando usted ya sabe todo acerca de esta historia! Debería darte vergüenza ...
- Nadie me dijo nada al respecto. Pero cuando un inspector de policía llega a mi casa con mis botas y los pantalones manchados de barro fresco, que la mostaza de color amarillo en particular, creo que puedo ser perdonado si se asume que recientemente recorrió las ruinas de Hobbs Lane, en Shoreditch, al parecer el "sólo la zona de Londres donde se encuentra que la arcilla de color mostaza en particular.
Inspector Lestrade parecía avergonzado. - Ahora que usted me dice, - murmuró, - me parece muy obvio.
Mi amigo se alejó de la placa del tenedor. - Por supuesto, es - entonces ella dijo un poco irritado.
Nos llevó en un coche a la final del Inspector Lestrade oriental nos había dejado solo y se fue a pie a Marylebone Road para recuperar su coche.
- Así que usted es realmente un investigador-asesor? - Le pregunté.
- El que está en Londres, o tal vez del mundo - dijo mi amigo. - No acepto los casos. Ofrezco consejos, más bien. Los otros vienen a mí para que sometan sus problemas insolubles, que las describen y, en ocasiones, me resolverlos.
- Así que la gente que viene a ti ...
- ¿Es, para los oficiales de policía, la mayoría de las partes o los investigadores mismos, sí.
Era una mañana hermosa, pero en ese momento el carro estaba saltando a lo largo del borde del gueto de San Gil, que osario de ladrones y asesinos que infestan Londres como un cáncer en el rostro de una hermosa flor, y era la débil luz que entró en la cabina débil y pálida.
- ¿Seguro de que me quiere con usted?
En respuesta, mi amigo me miró a los ojos sin pestañear. - Tengo la sensación, - dijo, - creo que era el destino que nos conocimos. Lo que hemos luchado codo con codo por una causa justa, pasado o futuro, no sé. Soy una persona racional, pero he aprendido el valor de un compañero de viaje de confianza, y, desde el momento en que puse mis ojos en ti, yo sabía que había confiado en ti como a mí mismo. Sí, quiero que vengas conmigo.
Me sonrojé, o una tontería absoluta de blaterai. Por primera vez en Afganistán, yo sentía que no había sitio para mí en el mundo.
2. La habitación
Vitae de Víctor "Vitae" ¡Víctor! Un fluido eléctrico! Sus piernas y partes inferiores que necesitan un velorio? Envidio su juventud ha ido? Para que los placeres de la carne están muertos y enterrados "Vitae" de la vida de Víctor allí donde vio hace mucho tiempo: incluso los más agotados nag el semental viril será! Dar vida a los muertos es posible, gracias a una vieja receta familiar combinado lo mejor de la ciencia moderna. Para recibir la documentación escrita que acredite la efectividad de "Vitae" para escribir a Victor V. F. von Empresa, 1b Calle Barato, Londres. |
Era un edificio con cuatro habitaciones para el dinero del alquiler, en Shoreditch.
Había un policía en la puerta. Lestrade le saludó por su nombre e hizo que nos acompañe en ella. Yo estaba a punto de entrar, cuando mi amigo se agachó en la puerta y sacó una lupa del bolsillo de su abrigo. Examinó el barro en la alfombra de hierro forjado, tastandolo con la punta del índice. Dejamos que sólo cuando se sintió satisfecho.
Subimos las escaleras. Busque la habitación en la que se cometió el delito era muy fácil, ya que estaba custodiada por dos agentes corpulentos. Lestrade les dio una inclinación de cabeza y los hizo a un lado. Entramos.
Hay, como he dicho, un escritor profesional, y en la descripción que la habitación parezca más las dudas de aquellos que saben que sus palabras pueden hacer justicia a los hechos. Me temo, sin embargo, porque ahora he empezado esta historia, voy a tener que seguir adelante.
En la pequeña habitación de madera se había cometido un asesinato. El cuerpo, lo que quedaba de ella, aún estaba en el suelo. Yo lo vi, pero, de alguna manera, no de inmediato. Sin embargo, lo que vi era lo que estaba salpicado, brotó a borbotones de la garganta y el pecho de la víctima, en una escala de colores que van desde el verde hasta la bilis verde hierba. La alfombra raída que estaba completamente empapada, y las paredes estaban cubiertas con ella. Por un momento parecía que el trabajo de un artista de cierto gusto del infierno, que había decidido crear un estudio de color verde.
Tras lo que pareció un siglo, a mí, bajó la mirada hacia el cuerpo, desgarrado como un conejo en el mostrador de un carnicero, y trató de dar sentido a lo que estaba observando. Me quité el sombrero y mi amigo hizo lo mismo.
Se arrodilló para inspeccionar el cuerpo, teniendo en cuenta los cortes y heridas. Luego sacó la lupa y se dirigió hacia la pared, y se examinan las corrientes de licor en el proceso de secado.
- Lo que nos han hecho - intervino el inspector Lestrade.
- Ah, sí? - Dijo mi amigo. - Entonces, ¿qué te han concluido al respecto? Creo que es una palabra.
Lestrade se fue hasta el punto en que era mi amigo, y miró hacia arriba. Justo encima de la cabeza del inspector era una palabra escrita en letras mayúsculas con la sangre verde en color amarillo de fondo. - Ra-que ...? - Leer sillabandola Lestrade. - Fue sin duda tratando de escribir a Rachel, pero se interrumpió. Así que ... tenemos que buscar una mujer ...
Mi amigo no dijo nada. Devuelto al lado del cuerpo y levantó las manos, uno después del otro. Las puntas de los dedos no mostraron rastros de licor. - Yo diría que hemos encontrado que esa palabra no fue escrita por Su Alteza Real ...
- ¿Cómo diablos ...
- Mi querido Lestrade. Por favor, por lo menos riconoscetemi el derecho de poseer un cerebro. Es evidente que el cadáver es el de un hombre: el color de la sangre, el número de miembros, los ojos, la posición de la cara, todo indica que nos encontramos con la sangre real. Aunque no se puede determinar cuál es la línea de sangre, me atrevería a decir que se trata de un heredero al trono, tal vez ... no, yo diría que ... el segundo pretendiente de uno de los principados germanos.
- Estoy sin palabras - Lestrade vaciló. Luego dijo: - Este es el príncipe Franz Drago de Bohemia. Ella estuvo aquí en Albion invitado de la reina Victoria. Estaba de vacaciones, por un cambio de aire "...
- Para los teatros, las putas y mesas de juego, que quiere decir.
- Si usted lo dice -. Lestrade miró molesto. - De todos modos, usted nos ha dado una gran pista de esta mujer, Raquel. Aunque, estoy seguro de que sabría acerca de nosotros también.
- Sin duda - dijo mi amigo.
Inspeccionó la habitación más, en varias ocasiones se señaló en tono airado, como la policía había cubierto las huellas dactilares diferentes, con botas y se habían trasladado los objetos que pueden ser útiles para reconstruir los acontecimientos de la noche anterior.
Parecía especialmente interesado en un pequeño parche de barro encontrado detrás de la puerta.
Al lado de la chimenea se dio cuenta de lo que parecía un montón de cenizas o tierra.
- La has visto? - Le preguntó Lestrade.
- La policía de Su Majestad - dijo que - en general, no haber visto más destacado de las cenizas de una chimenea. Normalmente, esto es donde se encuentra - y se rió en su salida.
Mi amigo cogió una pizca de cenizas y la frotó entre los dedos, oler lo que quedaba de él. Por fin, el resto en un tubo de ensayo, la tapa y lo puso en el bolsillo interior de su chaqueta.
Él se puso de pie. - ¿Y el cuerpo?
- ¿Se vienen de alguien enviado Palace - dijo Lestrade.
Mi amigo asintió con la cabeza, y fuimos juntos a la puerta. Después suspiró.
- Inspector. Su búsqueda de la señorita Rachel podría ser infructuoso. Entre otras cosas, Rache es una palabra alemana. Esto significa venganza. Echa un vistazo a su diccionario, sin embargo. También hay otros significados.
Bajamos las escaleras y salió a la calle, en las afueras.
- No Has visto alguna vez un miembro de la familia real antes de esta mañana, ¿verdad? - Le pregunté a mi amigo. Negué con la cabeza.
- Bueno ', una vista puede ser terrible si no estás preparado. Pero mi amigo ... usted está temblando!
- Le pido disculpas. Lo haré en un momento.
- Creo que un paseo haría bien en no - dijo y yo asentí con la certeza de que si empecé a caminar me habría gritado.
- Hacia el oeste, entonces - dijo mi amigo, señalando a la torre oscura del palacio. Empezamos a caminar.
- Así que - a mi amigo comenzó después de un tiempo ". - ¿Alguna vez has tenido un encuentro directo con cualquiera de las cabezas coronadas de Europa?
- No - le respondí.
- Creo que puedo decir con cierta certeza de que usted lo tiene - me dijo. - Y no con un cadáver, en esta ocasión. Muy pronto.
- Querido amigo, ¿qué te hace pensar ...
Por toda respuesta, se refirió a un coche, pintado de negro, que había dejado de repente después, a unos cincuenta metros de nosotros. Un hombre con abrigo y sombrero de copa negro estaba de pie cerca de la puerta y la abrió en silencio, esperando. En la puerta del coche fue pintado en una capa de oro de las armas que hasta los niños saben a Albion.
- Hay invitaciones que no se puede negar - dijo mi amigo. Pasó el sombrero al criado, y, mientras subía a la cabina y se entregó en el cuero suave y almohadas, yo podría haber jurado que sonreía.
Durante el trayecto hasta el Palacio, cuando traté de hablar con él, me silenció tomando un dedo a los labios. Luego cerró los ojos y pareció sumergirse profundamente en el pensamiento. En cuanto a mí, traté de recordar lo que sabía acerca de la familia real alemana, pero aparte del hecho de que el consorte de la reina, el príncipe Alberto, era un alemán, sabía muy poco.
Puse mi mano en su bolsillo y sacó un puñado de monedas, con el cobre rojo, plata, negro y verde. Me quedé mirando el retrato de nuestra Reina impreso en todos ellos, y me sentí tanto orgullo patriótico y el terror. Me dije que una vez que había sido soldado, inmune al miedo, y que hubo un momento en que esta era la pura verdad. Pensé por un momento en que yo era un tirador, un francotirador como yo le gustaba pensar. Pero ahora mi mano derecha temblaba como golpeado por la parálisis, las monedas tintineantes ruido, y no sentí nada, pero lamento.
3. El Palacio
Finalmente, el Dr. Henry Jekyll se enorgullece en anunciar el lanzamiento tan esperado del público en general "Jekyll Bob", famoso en todo el mundo. Ya no es un lujo para unos pocos privilegiados. Deje que su naturaleza! Para ser limpiado por dentro y por fuera! Demasiada gente, tanto hombres como mujeres, sufren de estreñimiento ALMA! Alivio inmediato y barato, gracias a que el polvo Jekyll! (Disponible en los sabores originales de vainilla y menta)
El consorte de la Reina, el Príncipe Alberto, era un hombre imponente, con un gran bigote del manillar y la calvicie, y él era total y sin lugar a dudas humana. Nos encontramos con él en el pasillo, saludando con una inclinación de cabeza, sin preguntar nuestros nombres o la mano porgendoci.
- La Reina está muy molesta - dijo. Tenía un fuerte acento alemán. El Z S cuando se convirtió en de su boca. Azzai. Zconvolta. - Franz era uno de sus favoritos. De hecho tiene muchos nietos, pero que podía hacer reír a carcajadas. Usted encontrará quien lo hizo.
- Farò del mio meglio -, assicurò il mio amico.
- Ho letto le vostre monografie -, disse il principe Albert. - Sono stato io a suggerire a Scotland Yard che era il caso di consultarvi. Spero di aver fatto la scelta giusta.
- Lo spero anch'io -, rispose il mio amico.
E finalmente la grande porta si aprì, e fummo condotti nell'oscurità alla presenza della Regina.
La chiamavano Vittoria, perché ci aveva sconfitti in battaglia settecento anni prima, e Gloriana, perché era gloriosa, e la chiamavano la Regina, perché la bocca umana non era fatta per pronunciare il suo vero nome. Era enorme, più grande di quanto avessi creduto possibile; se ne stava accucciata nell'ombra e ci fissava dall'alto, immobile.
Quezzzto problema deve ezzzere rizzolto . Le parole venivano dall'oscurità.
- E lo sarà, Signora -, disse il mio amico.
Un arto si contorse e puntò nella mia direzione. Venite avanti .
Io volevo camminare. Ma le mie gambe si rifiutavano di muoversi.
Allora il mio amico venne in mio soccorso. Mi prese per un gomito e mi accompagnò al cospetto di Sua Maestà.
Non dovete zpaventarvi. Dovete ezzzere all'altezza. Dovete ezzzere un buon compagno .
Questo fu ciò che mi disse. La sua voce era un dolce contralto, con un ronzio di sottofondo. Poi l'arto si srotolò allungandosi in avanti, e mi toccò la spalla. Per un momento, ma fu solo un attimo, sentii il dolore più fitto e intenso di qualsiasi sofferenza avessi mai provato; ma subito dopo venni pervaso da una sensazione di benessere totale. Sentii i muscoli della spalla rilassarsi e, per la prima volta dall'Afghanistan, non avvertivo più alcun dolore.
Poi il mio amico si fece avanti. Vittoria gli parlò, eppure non riuscii a sentire le sue parole; mi chiesi se in qualche modo non stessero viaggiando direttamente dalla sua mente a quella del mio amico, se fosse quello il Consiglio della Regina di cui avevo letto nei libri di storia.
Il mio amico rispose a voce alta.
- Certamente, Signora. Posso già dirvi che c'erano altri due uomini con vostro nipote quella notte, in quella stanza nello Shoreditch; le impronte, sebbene semicoperte, erano evidenti -. Poi aggiunse: - Sì. Capisco… credo di sì… sì.
Quando lasciammo il palazzo il mio amico era silenzioso, e non mi disse nulla durante il tragitto verso Baker Street.
Era già buio, e mi chiesi quanto tempo avevamo trascorso a Palazzo. La strada e il cielo erano attraversati dalla nebbia fuligginosa e filiforme.
Tornati a Baker Street, rimasto solo, osservai nello specchio della mia stanza che la pelle bianca come la pancia di una rana sulla mia spalla aveva assunto un colorito rosato. Sperai che non si trattasse solo di un parto della mia mente, che non fosse semplicemente la luce della luna che filtrava dalla finestra.
4. Lo spettacolo
PROBLEMI DI FEGATO? ATTACCHI DI BILE?! DISTURBI NERVOSI?! TONSILLITE?! ARTRITE?! Sono solo alcuni dei fastidi che un SALASSO professionale può curare . Nei nostri uffici abbiamo pile di TESTIMONIANZE a disposizione in qualsiasi momento di chiunque volesse consultarle. Non mettete la vostra salute nelle mani di qualche dilettante ! Sono secoli che facciamo solo questo: V. TEPES – SALASSATORE PROFESSIONISTA (Ricordate! Si pronuncia Tzsep-pesh !). Romania, Parigi, Londra, Whitby. Avete già provato il resto – ORA PROVATE IL MEGLIO! |
Che il mio amico fosse anche un maestro nell'arte del travestimento non avrebbe dovuto sorprendermi, eppure così fu. Nei dieci giorni che seguirono, un curioso assortimento di personaggi varcò la soglia della nostra porta in Baker Street: un anziano cinese, un giovane libertino, una grassona dai capelli rossi i cui trascorsi professionali non sarebbero stati difficili da indovinare, e un venerando imbecille col piede gonfio e fasciato per la gotta. Tutti entravano nella stanza del mio amico e, con una velocità degna di un varietà di trasformismo, era lui a uscirne.
Non mi diceva mai cosa andava a fare quando si travestiva; preferiva rilassarsi e fissare un punto nel vuoto, segnando di tanto in tanto, su qualunque pezzo di carta gli capitasse a tiro, degli appunti che, a dire il vero, trovavo incomprensibili. Sembrava totalmente assorbito, al punto che iniziai a preoccuparmi per il suo stato di salute. Finché un giorno tornò a casa, nel tardo pomeriggio, vestendo i suoi panni abituali, e con un sorriso malizioso stampato sul viso mi chiese se mi piacesse il teatro.
- Be', come a tutti -, risposi.
- Allora andate a prendere i vostri binocoli da teatro -, mi disse. – Si va a Drury Lane.
Mi aspettavo di assistere a un'operetta o qualcosa del genere, e invece mi trovai in quello che doveva essere il peggior teatro di Drury Lane, nonostante si fosse dato un nome regale. E a dirla tutta era situato in Drury Lane più che altro a livello nominale, dal momento che si trovava in fondo alla strada dal lato di Shaftesbury Avenue, quello che dà sul ghetto di St. Giles. Su consiglio del mio amico avevo nascosto il portafoglio e, seguendo il suo esempio, mi ero munito di un robusto bastone.
Una volta accomodati sulle nostre poltrone in platea (avevo acquistato un'arancia da tre pence da una delle deliziose ragazze che le vendevano al pubblico, e la stavo succhiando nell'attesa), il mio amico mi sussurrò: - Dovreste ritenervi fortunato di non avermi dovuto accompagnare nelle bische o nei bordelli. O nei manicomi, altro posto che il principe Franz, ho scoperto, si dilettava a visitare. Comunque non è stato mai più di una volta nello stesso luogo. Da nessuna parte, eccetto…
L'orchestra attaccò e venne sollevato il sipario. Il mio amico tacque.
Fu uno spettacolo a suo modo abbastanza piacevole; vennero messe in scena tre rappresentazioni in atto unico. Tra l'una e l'altra, come intermezzo, vennero cantate canzoni comiche. Il primo attore era alto, languido e aveva una bella voce; la prima attrice era elegante, e la sua voce raggiungeva ogni angolo del teatro; il comico era molto versato negli scioglilingua cantati.
La prima rappresentava la tipica commedia degli equivoci: il primo attore recitava nella parte di due gemelli identici che non si erano mai incontrati ma che erano riusciti, per tutta una serie di comiche disavventure, a ritrovarsi entrambi fidanzati con la stessa ragazza — la quale, e questo era il colmo, pensava di avere un fidanzato solo. Le porte si aprivano e chiudevano velocemente, mentre l'attore passava da un'identità all'altra.
La seconda presentava la straziante storia di un'orfanella affamata che vendeva violette di serra per strada, nella neve. Alla fine la nonna la riconosceva, giurando che si trattava della bambina rapita dieci anni prima dai banditi; ma era troppo tardi, e quell'angioletto, assiderato, esalava il suo ultimo respiro. Confesso che dovetti asciugarmi gli occhi più di una volta col mio fazzoletto di lino.
Lo spettacolo si concluse con una coinvolgente rappresentazione storica: tutta la compagnia impersonava un gruppo di uomini e donne di un villaggio sulla costa dell'oceano, settecento anni prima dei giorni nostri. Videro qualcosa che emergeva dalle acque, al largo. L'eroe proclamò con gioia alla popolazione che si trattava dei Grandi Antichi, la cui venuta era stata profetizzata; stavano tornando nel nostro mondo da R'lyeh, e dall'oscura Carcosa, e dall'altipiano di Leng, dove avevano dormito, o atteso, o trasceso il tempo della loro morte. Il comico obiettava che gli abitanti del villaggio avevano esagerato tutti col pasticcio e la birra, e che quelle sagome in lontananza erano probabilmente solo frutto della loro immaginazione. Un gentiluomo di bell'aspetto, che impersonava un sacerdote del Dio Romano, disse agli abitanti che quegli esseri nel mare erano mostri e demoni, e che dovevano essere affrontati e distrutti. Al culmine della rappresentazione, l'eroe colpì il prete a morte col suo crocefisso da processione e si preparò ad accogliere Coloro che arrivavano. L'eroina cantò un'aria evocativa mentre, grazie a un'impressionante dimostrazione di utilizzo della lanterna magica, sembrò di vedere le Loro ombre attraversare il cielo sullo sfondo del palcoscenico: la Regina di Albione in persona, e l'Oscuro dell'Egitto (in forma semi-umana), seguito dall'Antico Capro dai Mille Figli, Imperatore di tutta la Cina, e lo Zar Irrefutabile, e Colui che Regge il Nuovo Mondo, e la Bianca Signora dell'Inattaccabile Antartide, e tutti gli altri. E ogni volta che un'ombra attraversava il palco, o almeno sembrava farlo, da ogni gola del teatro prorompeva spontaneamente un potente “Urrà!” che faceva vibrare l'aria stessa. La luna apparve sul cielo dipinto e poi, al suo zenit, in un ultimo atto di magia teatrale, passò dal giallo pallido, il colore che aveva nelle vecchie favole, al rassicurante rosso cremisi della luna che oggi brilla su tutti noi.
I membri della compagnia s inchinarono al pubblico, vennero chiamati alla ribalta diverse volte e raccolsero applausi e risate finché il sipario non calò per l'ultima volta e lo spettacolo si concluse.
- Dunque -, disse il mio amico. – Che ne pensate?
- Bello, bellissimo – risposi, con le mani doloranti per il lungo applaudire.
- Un uomo tutto d'un pezzo -, disse con un sorriso. – Andiamo a farci un giro dietro le quinte.
Uscimmo sulla strada, e ci infilammo in un vicolo che costeggiava il teatro fino all'ingresso degli artisti, dove una donna smilza con una cisti sulla guancia era intenta a fare a maglia. Il mio amico le mostrò un biglietto da visita, e lei ci indirizzò nell'edificio, su per una rampa di scale fino a un piccolo camerino comune.
Candele e lampade a olio riflettevano su specchi maculati una luce fioca e tremolante; uomini e donne si liberavano dei costumi e si pulivano il trucco, senza preoccuparsi della promiscuità. Distolsi lo sguardo. Il mio amico sembrò imperturbabile. – Potrei parlare con il signor Vernet? -, chiese ad alta voce.
Una giovane donna, che aveva recitato la parte della migliore amica dell'eroina nella prima rappresentazione e dell'impertinente figlia del locandiere nell'ultima, ci indicò il fondo della stanza.
- Sherry! Sherry Vernet! -, chiamò.
Il giovanotto che, in risposta, si alzò era magro e slanciato, e di una bellezza meno convenzionale rispetto a quanto mi era sembrato osservandolo dall'altro lato del teatro. Ci squadrò con fare interrogativo.
- Credo di non avere il piacere…?
- Mi chiamo Henry Camberley – disse il mio amico, strascicando leggermente la pronuncia. – Forse avete già sentito parlare di me.
- Confesso di non aver avuto il privilegio -, rispose Vernet.
Il mio amico gli offrì un biglietto da visita, e l'uomo lo guardò con genuino interesse.
- Un agente teatrale? Dal Nuovo Mondo? Accidenti. E questo signore è… -, disse rivolto a me.
- Questo gentiluomo è un mio amico, il signor Sebastian. Non si occupa di spettacolo.
Strinsi la mano dell'attore, mormorando qualcosa su quanto avessi apprezzato lo spettacolo.
Il mio amico chiese: - Siete mai stato nel Nuovo Mondo?
- Non ho ancora avuto questo onore, - ammise Vernet – anche se è sempre stato il mio più grande desiderio.
- Che dire, buon uomo -, disse il mio amico col fare informale degli abitanti del Nuovo Mondo. – Forse il vostro sogno verrà esaudito. Quell'ultima rappresentazione, non ho mai visto niente del genere. L'avete scritta voi?
- Ahimé, no. È opera di un mio caro amico. Io però ho progettato il meccanismo della lanterna magica utilizzata nella scena delle ombre. A oggi non troverà nulla del genere in nessun altro teatro.
- Mi dareste il nome dell'autore? Forse dovrei parlare direttamente con questo vostro amico.
Vernet scosse la testa.
- Temo che non sia possibile. Ha un'altra professione, e desidera che i suoi rapporti con il mondo del teatro non siano resi pubblici.
- Capisco -. Il mio amico tirò fuori la pipa dal cappotto e se la portò alla bocca. Poi iniziò a frugarsi nelle tasche.
- Mi spiace -, disse. – Temo di aver dimenticato la borsa del tabacco.
- Io fumo una miscela nera forte, - disse l'attore, - se per voi va bene…
- Assolutamente! -, rispose il mio amico molto cordialmente. – Anche io fumo una miscela forte – disse, e si riempì la pipa col tabacco dell'attore. Iniziarono a fumare entrambi, e il mio amico descrisse la sua idea di uno spettacolo in tournée per le città del Nuovo Mondo, dall'isola di Manhattan fino all'estremo Sud, nell'angolo più remoto del continente. Il primo atto sarebbe stato l'ultima rappresentazione che avevamo visto quella sera. Il resto dello spettacolo avrebbe forse potuto narrare del dominio dei Grandi Antichi sull'umanità ei suoi dei, raccontando magari cosa sarebbe potuto accadere se le persone non avessero avuto le Famiglie Reali da guardare con ammirazione: un mondo di oscurità e barbarie.
- Ma l'autore dell'opera sarebbe il vostro misterioso professionista, e sarebbe solo lui ad avere l'ultima parola sulla narrazione degli eventi -, aggiunse il mio amico. – Il nostro spettacolo sarebbe il suo. Ma io posso assicurarvi un successo di pubblico al di là di ogni immaginazione, e una percentuale significativa sugli introiti dei biglietti. Diciamo un cinquanta per cento!
- Tutto questo è davvero esaltante -, disse Vernet. – Spero sia la verità, e non un'allucinazione dovuta al fumo della pipa!
- No signore, non lo è! –, disse il mio amico ridacchiando alla battuta dell'uomo e tirando una boccata dalla pipa. – Passate da casa mia in Baker Street domattina dopo colazione, diciamo verso le dieci, e portate il vostro amico scrittore. Vi farò trovare i contratti pronti da firmare.
A quelle parole l'attore salì in piedi sulla sedia e batté le mani per fare silenzio nella stanza.
- Signore e Signori della compagnia, devo fare un annuncio – disse, facendo risuonare la stanza della sua voce forte e profonda. – Questo gentiluomo è Henry Camberley, il famoso agente teatrale, e ci ha appena proposto di portarci con lui dall'altra parte dell'Oceano Atlantico, verso la fama e la fortuna.
Si levarono molte acclamazioni, e l'attore aggiunse: - Certo, dovremo rinunciare alle aringhe e ai cavoli sott'aceto -; tutta la compagnia scoppiò a ridere.
Ellos nos saludó a todos con una gran sonrisa cuando nos fuimos al teatro, y nos encontramos afuera en las calles envueltas en niebla.
- Mi querido amigo - le dije. - ¿Qué ...
- Ni una palabra - le contesté. - La ciudad tiene muchos oídos.
Y por lo que no fue hasta que cambió una palabra, llamó a un taxi, no nos subimos a bordo y comenzó a recitar a Charing Cross Road. E incluso en la cabina, antes de hablar, mi amigo se quitó la pipa de su boca y vació el recipiente con el consumo de tabaco en el medio una caja de lata pequeña, que guardó en el bolsillo después de cerrar con cuidado.
- Bueno - dijo al fin. - Si no encuentra el hombre alto, yo soy holandés. Ahora sólo nos queda la esperanza de que la curiosidad y la codicia del doctor cojo son lo suficientemente fuertes para hacerle venir con nosotros mañana.
- El Doctor Cojo?
Mi amigo soltó un bufido. - Así es como yo lo llamé. Cuando vimos el cadáver del príncipe fue evidente a partir de las huellas de muchas otras pistas, esa noche había dos hombres en la habitación: una de alta que, a menos que tenga mis matemáticas mal, que acaba de conocer, y otra inferior , cojo, que destruyó el príncipe con una habilidad que revela la mano de un médico.
- Un médico?
- Exactamente. Es bastante terrible, pero la experiencia me ha enseñado que cuando un médico se convierte en un criminal resulta ser una criatura de los asesinos más oscuros y horribles más peores. No puedo pensar en Houston, el hombre del baño de ácido, y Campbell, que había conducido a la Ealing lecho de Procusto, metafóricamente y no ... -. Se adelantó en esta línea durante el resto del viaje.
El taxi se detuvo.
- Una libra y diez peniques - dijo el conductor. Mi amigo le dio un florín, y el que lo atrapó, luego se tocó el borde del cilindro desgastado. - Muchas gracias, señores - exclamó, mientras que fuera el caballo se alejó al trote en la niebla.
Caminamos hasta la puerta de nuestro apartamento. Al abrir la cerradura, mi amigo dijo - Eso es gracioso. El conductor ha ignorado ese tipo en la esquina de la calle.
- Un cambio de terminar siempre lo hacen - señalé.
- Es cierto, no sólo eso - dijo.
Esa noche soñé con sombras, grandes sombras que oscurecían el sol, que estaba desesperado y los llamó, gritando, pero no me escuchan.
5. La piel y el núcleo
Este año, poner los pies en la primavera con el primer muelle real, a los pies de Jack. Botas, zapatos y calzado deportivo. Sólo el abuso de las suelas, tacones son nuestra especialidad. De Jack. Y no te olvides de visitar nuestra nueva tienda en el East End de ropa y accesorios:. Encontrar vestidos de noche de todas clases, sombreros, joyas, bastones, incluso con hoja oculta, y así sucesivamente de Jack, Piccadilly. Al dar seguimiento es importante! |
El primero en llegar fue el inspector Lestrade.
- ¿Ha publicado sus hombres en el camino? - Le preguntó a mi amigo.
- Sí - dijo Lestrade. - Ellos tienen órdenes estrictas de que todos los que entran, pero para detener a cualquier persona que intenta dejar de fumar.
- ¿Y llevar a las esposas?
En respuesta a Lestrade metió la mano en el bolsillo y sacó dos pares de esposas, lo que suena en el aire con una mirada sombría.
- Y ahora, señoras - dijo - sería usted tan amable de decirme Mientras tanto ¿qué estamos esperando?
Mi amigo sacó la pipa de su bolsillo. En lugar de llevar a la boca, sin embargo, se apoyaba en la mesa delante de él. Tomó la caja de lata de la noche anterior y un tubo de vidrio, lo que me di cuenta de que el que había utilizado la habitación de Shoreditch.
- Aquí - dijo. - Acabo de demostrar que el clavo, estoy seguro, va a clavar el ataúd de nuestro Señor Vernet.
Hizo una pausa y miró su reloj de bolsillo y lo colocó suavemente sobre la mesa. - Todavía tenemos varios minutos antes de su llegada -. Se volvió hacia mí: - ¿Qué sabe usted de los restauradores?
- Un maldito - le dije.
Lestrade tosió. - Si usted está hablando de lo que pienso, - dijo - creo que es conveniente detenerse aquí. Menos lo mismo.
- Demasiado tarde - dijo mi amigo. - Debido a que hay personas que no creen que la llegada de los Grandes Antiguos ha sido buena, el gran acontecimiento que todos reconocemos. Los anarquistas, desde el primero al último, que restauraría la antigua forma de vida, y amante de la humanidad de su destino, si lo prefiere.
- Yo no me siento bien, esto es sedición - intervino Lestrade. - Debo advertirle ...
- ¿Se lo advierto: no seas tan tonto! - Dijo mi amigo. - ¿Por qué los restauradores para matar el príncipe Franz Drago. Matan y asesinato, en un vano intento de obligar a nuestros maestros que nos deje en paz a vagar en la oscuridad. El príncipe fue asesinado por un rache. Es una palabra antigua que significa un perro de caza, el inspector, y usted sabe también si había consultado un diccionario. También significa venganza. Y el cazador ha dejado su firma en la escena del crimen como un artista firmaría su lienzo. Pero él no era matar al príncipe.
- El doctor cojo! - Grité.
- Exactamente. Esa noche en la habitación había un hombre alto, podía calcular la altura, porque la palabra estaba escrita en el nivel de los ojos. Fumaba su pipa, como se muestra por las cenizas y residuos de tabaco en el hogar, y se estrelló con facilidad en la plataforma, que es un hombre de baja estatura no lo haría. El tabaco es una mezcla inusual de fuerte. Los pasos en la habitación fueron borrados en su mayoría por los hombres, pero había algunos muy clara detrás de la puerta y cerrar la ventana. Había alguien allí, esperando: un hombre menos, se podía ver la longitud del terreno de juego, que se apoyaba todo su peso sobre la pierna derecha. Afuera, en el camino, había otras huellas muy evidentes, y los diferentes colores presentes en la alfombra delante de la puerta que he proporcionado información adicional: un hombre alto, que había acompañado al príncipe en la casa y fue puesto en libertad más tarde. Esperando era el que cortaba el príncipe con tal habilidad ...
Lestrade le dio un leve sonido de vergüenza que no se puede convertir en una palabra.
- Pasé muchos días para reconstruir los movimientos de su altura. Me recorrió las casas de juego y burdeles, restaurantes y asilos en busca de nuestro fumador de pipa y su amigo. No he hecho ningún progreso en la investigación, hasta que pensé en revisar los papeles de Bohemia, en busca de pistas sobre las últimas actividades del príncipe en la casa, a partir de ahí me enteré de que una compañía teatral británica estaba en Praga el mes pasado, y se llevó a cabo en presencia de príncipe Franz Drago ...
- Dios mío - exclamé - Entonces, ¿qué Sherry Vernet ...
- Se trata de un restaurador. Exactamente.
Negué con la cabeza, fascinado por la inteligencia y las habilidades de la observación de mi amigo. En ese momento alguien llamó a la puerta.
- Aquí están nuestras presas! - Dijo mi amigo. - Ten cuidado, ¡ahora!
Lestrade metió la mano en el bolsillo, donde sin duda tenía un arma. Tragó saliva con nerviosismo.
Mi amigo me dijo en voz alta: - Por favor, entra!
La puerta se abrió.
No era Vernet. E nemmeno il Dottore Zoppo. Era uno dei ragazzini di strada arabi che si guadagnavano un tozzo di pane sbrigando commissioni “al servizio della signora Strada e del signor Passante”, come usavamo dire quand'ero giovane.
- Scusate signori, - disse il ragazzo, - il signor Henry Camberley è qui? Un gentiluomo mi ha incaricato di consegnargli un messaggio.
- Sono io -, disse il mio amico. – E per sei pence cosa puoi dirmi del gentiluomo che ti ha affidato il biglietto?
Il giovanotto, che disse di chiamarsi Wiggins, diede un morso alla moneta prima di farla sparire e ci disse che il simpatico signore che glielo aveva dato era piuttosto alto, con i capelli scuri e, aggiunse, stava fumando la pipa.
Ho qui il biglietto con me, e mi prendo la libertà di trascriverlo.
Mio caro signore,
non mi rivolgo a voi come a Henry Camberley, perché è un nome che non vi appartiene. Mi sorprende che non vi siate presentato col vostro vero nome, perché è un nome importante e che vi rende onore. Ho letto molti dei vostri scritti, quando sono riuscito a procurarmeli. A dire il vero, due anni fa abbiamo avuto una corrispondenza abbastanza proficua a proposito di alcune anomalie teoriche nella vostra pubblicazione circa la dinamica di un asteroide.
Mi ha divertito incontrarvi, ieri sera. Credo che un paio di consigli potrebbero aiutarvi a non perdere tempo in futuro nell'esercizio della professione a cui vi state dedicando ora.
Prima di tutto, che un fumatore di pipa abbia in tasca una pipa nuova di zecca e sia senza tabacco è possibile, ma estremamente improbabile; almeno quanto un agente teatrale che non conosca gli usi che riguardano i compensi per una tournée e che si accompagni a un taciturno ufficiale in congedo (Afghanistan, se non ho visto male). Tra l'altro, sebbene abbiate ragione quando dite che le strade di Londra hanno orecchie, in futuro sarebbe opportuno evitare di salire sulla prima carrozza che passa. Anche i conducenti hanno orecchie, se decidono di usarle.
Una delle vostre supposizioni è certamente corretta: sono stato in effetti io ad attirare la creatura mezzosangue nella stanza dello Shoreditch.
Se vi può consolare in qualche modo, avendo appreso qualcosa circa i suoi divertimenti preferiti, gli avevo detto di avergli procurato una ragazza, rapita da un convento in Cornovaglia, dove non aveva mai conosciuto uomo, e che sarebbe bastato il suo tocco e la vista della sua faccia per farla piombare in una follia completa.
Se questa ragazza fosse esistita davvero, quell'essere avrebbe banchettato della sua follia mentre la possedeva, come un uomo che succhia la polpa da una pesca matura lasciando solo la buccia e il nocciolo. L'ho visto fare. Li ho visti fare molto di peggio. E non è questo il prezzo che dobbiamo pagare per la pace e la prosperità. È un prezzo davvero troppo grande.
Il bravo Dottore, che la pensa come me e che ha davvero scritto il nostro piccolo spettacolo dal momento che ha una discreta capacità di intrattenere il pubblico, ci attendeva con i suoi bisturi.
Vi invio questo messaggio non come una sfida a prenderci, dal momento che io e lo stimato Dottore siamo già spariti e non riuscirete a trovarci, ma per dirvi che è stato piacevole sentire, anche solo per un momento, di aver trovato un degno avversario. Di gran lunga più degno delle creature inumane sorte dall'Abisso.
Temo che la Compagnia dello Strand dovrà trovarsi un nuovo primo attore.
Non mi firmerò Vernet e, fino al giorno in cui la caccia non sarà finita e il mondo non tornerà ad essere quello che era, vi prego di ricordarmi semplicemente come
Rache
L'ispettore Lestrade uscì di corsa dalla stanza, chiamando a raccolta i suoi uomini. Si fecero accompagnare dal giovane Wiggins nel posto in cui l'uomo gli aveva consegnato il biglietto, come se Vernet l'attore fosse lì ad aspettarli, fumando tranquillamente la sua pipa. Io e il mio amico li osservammo dalla finestra, scuotendo la testa, mentre correvano via.
- Fermeranno e setacceranno tutti i treni che escono da Londra e tutte le navi che partono da Albione verso l'Europa e il Nuovo Mondo, - disse il mio amico, - alla ricerca di un uomo alto e del suo compagno, un medico più basso e robusto che zoppica leggermente. Chiuderanno i porti. Ogni via d'uscita dal paese verrà interdetta.
- Allora pensate che li prenderanno?
Il mio amico scosse la testa.
- Potrei sbagliarmi -, rispose. – Ma sono pronto a scommettere che lui e il suo amico sono proprio in questo momento a un miglio da qui, o poco più, nel ghetto di St. Giles, dove la polizia non entra mai se non in squadre. Se ne staranno nascosti lì finché le acque non si saranno calmate. E poi torneranno a occuparsi della loro attività.
- Cosa ve lo fa credere?
- Perché - rispose – se le nostre posizioni fossero invertite è così che agirei io. A proposito, dovreste bruciare quel biglietto.
Aggrottai la fronte. – Ma si tratta di una prova importante -, dissi.
- Sono stupidaggini sediziose -, rispose il mio amico.
E avrei dovuto bruciarlo davvero. In realtà quando Lestrade tornò gli dissi di averlo fatto, e lui si congratulò con me per il mio buonsenso. L'ispettore mantenne il suo posto, e il principe Albert inviò un messaggio al mio amico nel quale si congratulava con lui per le sue deduzioni, sebbene rimanesse il rammarico di un criminale ancora a piede libero.
Sherry Vernet, o qualunque sia il suo vero nome, non è stato ancora catturato, e non c'è traccia nemmeno del suo complice assassino, per ora identificato come un ex chirurgo militare di nome John (o forse James) Watson. Curiosamente, hanno scoperto che anch'egli è stato in Afghanistan. Mi chiedo se io non l'abbia mai conosciuto.
La mia spalla, dopo il tocco della Regina, continua a migliorare; i muscoli e la pelle stanno tornando normali, e la guarigione è vicina. Presto tornerò ad essere un tiratore scelto.
Alcuni mesi fa, una notte in cui eravamo soli, chiesi al mio amico se si ricordasse della corrispondenza citata nella lettera scritta dall'uomo che si firmava Rache. Mi disse di ricordarla bene, e che Sigerson (così l'attore si era presentato in quell'occasione, dicendo di essere islandese), ispirato da un'equazione scritta dal mio amico, gli aveva proposto alcune folli teorie che mettevano in relazione la massa, l'energia e l'ipotetica velocità della luce. – Sciocchezze, naturalmente -, disse il mio amico senza sorridere. – Ma cionondimeno, sciocchezze ispirate e pericolose.
Alla fine giunse una lettera da Palazzo, nella quale la Regina si diceva soddisfatta del lavoro svolto dal mio amico sul caso, e la questione si chiuse.
Ma dubito che il mio amico si darà per vinto; non si vedrà la fine di questa storia finché uno dei due non ucciderà l'altro.
Io ho tenuto il biglietto. In questa narrazione ho raccontato cose che avrebbero dovute essere taciute. Se avessi più giudizio brucerei queste pagine ma, come dice il mio amico, anche la cenere può rivelare segreti. Chiuderò invece queste carte in una cassetta di sicurezza della mia banca, lasciando istruzioni affinché non venga aperta se non molto tempo dopo che chiunque in vita oggi non sarà morto. Anche se, alla luce dei recenti avvenimenti verificatisi in Russia, temo che quel giorno sia più vicino di quanto ciascuno di noi vorrebbe credere.
Maggiore S* M* (in congedo)
Baker Street,
Londra, Nuova Albione, 1881.
























